¿Quieres saber un poco más sobre mí?
Mi enfoque
Especializarme en trauma fue una decisión profundamente vocacional. Desde que me dedico a la psicología, tenía claro que no quería quedarme solo en los síntomas, siempre me ha interesado comprender la historia que hay detrás de cada malestar, el contexto, los vínculos y las experiencias que han ido moldeando a cada paciente.
Con el tiempo, fui entendiendo que la mayor parte de las personas que llegaban a mi consulta no estaban “rotas”, sino marcadas por heridas. Heridas que no siempre tenían nombre, que a veces parecían pequeñas desde fuera, pero que habían dejado una huella profunda en su forma de verse a sí mismas, de vincularse y de habitar el mundo.
Experiencias que, en su momento, no pudieron ser sostenidas, comprendidas o acompañadas como necesitaban. Todo esto mantenía a la persona en un sistema de creencias que no les ayudaba a progresar, sino que más bien, les seguía anclando en el pasado y favorecía la acumulación de experiencias dañinas una y otra vez.
Esto me llevó a sentir la responsabilidad y el deseo de formarme para poder acompañar esos procesos con mayor profundidad, cuidado y respeto porque cuando comprendemos de dónde vienen nuestras heridas, podemos empezar a mirarlas con compasión en lugar de juicio.
Formarme en esta especialidad me permite poder ayudar a mis pacientes a soltar patrones que no corresponden con lo que realmente quieren y necesitan.
Trabajo desde una mirada integral, teniendo en cuenta la historia de vida, el contexto, los vínculos y las circunstancias que atraviesa cada persona. No existen procesos iguales, por lo que adapto el acompañamiento a las necesidades, tiempos y objetivos particulares de cada persona. La terapia es un proceso dinámico en el que avanzamos paso a paso, respetando el ritmo individual. Explorando, resignificando y fortaleciendo recursos internos que muchas veces ya están ahí, esperando ser reconocidos.
Mi rol como profesional no es dar respuestas cerradas, sino acompañar en la exploración, favorecer la reflexión y facilitar herramientas que permitan comprender lo que está ocurriendo, resignificar experiencias y desarrollar recursos propios. Confío totalmente en la capacidad de cada persona para generar cambios y construir nuevas formas de relacionarse consigo misma y con los demás transformando su historia en una fuente de fortaleza.
Poder ver cómo las personas sueltan piedras de su mochila y mejoran su presente es de las mejores satisfacciones que me da mi trabajo y concretamente esta especialidad.
Mi trayectoria
¡Hola! soy Rocío y cuento con un título de experta en intervención del trauma. Mi recorrido profesional ha sido también un proceso de búsqueda: la búsqueda de herramientas que me permitieran acompañar de una manera más profunda, respetuosa y eficaz.
En ese camino, formarme como Experta en Intervención en Trauma supuso un antes y un después en mi forma de entender la terapia. Esta especialización me ayudó a mirar el malestar desde otra perspectiva: no como algo que “falla” en la persona, sino como una respuesta que en algún momento fue necesaria para sobrevivir o adaptarse. Comprender el trauma me permitió integrar el cuerpo, el sistema nervioso y los patrones relacionales dentro del proceso terapéutico.
En consulta, esto se traduce en un acompañamiento que prioriza la seguridad y el ritmo individual. Antes de abordar experiencias dolorosas, trabajamos la regulación emocional, la construcción de recursos internos y la sensación de estabilidad. Creo que nadie debería revivir su historia sin sentirse suficientemente sostenido.
Trabajo especialmente con:
- Experiencias adversas.
- Trauma relacional y heridas de apego.
- Ansiedad persistente o sensación de desbordamiento.
- Bloqueos emocionales.
- Dificultades en la regulación afectiva.
Más allá de los títulos, entiendo la terapia como un espacio donde se puedan resignificar experiencias, recuperar recursos internos y construir una relación más amable con uno mismo, esto no lo podría conseguir sin que te sintieses conmigo como en casa, donde encontrarás calidez, presencia, sensibilidad y respeto por los tiempos de cada proceso. Y, por supuesto, ¡siempre con una sonrisa!
